31 DE MARZO DE 2009
La justicia también llega a Sudán

El presidente de Sudán, Omar Hassan al Bashir, en Jartum, el 1 de marzo. | Reuters
JUAN CARLOS MOGOLLÓN LÓPEZ
La Corte penal Internacional (CPI), órgano judicial instituido en el seno de las Naciones Unidas y con sede en La Haya, ordenó, el pasado 4 de marzo, el arresto del presidente de Sudán, Omar al Bashir, por crímenes de guerra y lesa humanidad en la región sudanesa de Darfur. En la orden dictada por la CPI se le acusa, entre otros delitos, de exterminio, tortura, violación, pillaje y ataques directos e intencionados contra la población civil, algo que nos da algunos indicios de lo que ha ocurrido en el mayor país de África desde que Al Bashir ascendiera al poder en 1989 tras encabezar un golpe militar en junio de ese mismo año.
La decisión de la CPI constituye un autentico hito desde el punto de vista de la justicia internacional, ya que Al Bashir es el primer presidente en ejercicio sobre el que la CPI emite una orden de arresto. No obstante, no será nada fácil proceder a la detención del presidente sudanés puesto que la CPI carece de un cuerpo policial que realice estas funciones, lo que provocará que las fuerzas obligadas a detener a Al Bashir serán las propias fuerzas policiales de Sudán, algo surrealista. Sin embargo, existe una posibilidad que puede ayudar a su arresto, ya que, aunque Sudán no es parte del tratado constituyente de la CPI, su artículo 89 si que contempla que cualquiera de los 108 Estados que son parte del mismo tienen la obligación de detener a éste y a cualquiera que sea reclamado por la Corte si entra en el territorio de alguno de estos países, así que Al Bashir tendrá que andarse con ojo a la hora de pisar suelo extranjero.
Sin duda, la decisión de la CPI pone, una vez más, de manifiesto, como ocurrió en los casos, ya famosos, de Slobodan Milosevic (ex presidente de Serbia) o Charles Taylor (ex presidente de Liberia), que todos estamos sometidos al imperio de la ley sin excepción y que tarde o temprano los errores del pasado (en este caso, crímenes de guerra) se acaban pagando ante una justicia que no atiende, o por lo menos no debería, a sobornos, soberanías o inmunidades políticas.
Los hechos nunca suelen engañar y en esta ocasión parecen incuestionables, la realidad habla por sí sola en Sudán, concretamente en Darfur, donde según estimaciones de la propia ONU ya han fallecido alrededor de 300.000 personas en un conflicto que dura ya 6 largos años. Ante esto, las excusas y declaraciones de inocencia de Al Bashir, que intenta por todos los medios exculparse ante la comunidad internacional de tales muertes, no son, ahora, más que mentiras que la propia CPI ha terminado por desenmascarar al acusar al líder sudanés de crímenes contra la guerra y de lesa humanidad. Y es que parece poco creíble, por no decir imposible, que Al Bashir no estuviera al corriente de tantas muertes injustificadas, sobre todo, después de que se supiese, en su momento, que el propio Ejército gubernamental de Sudán equipó, colaboró y dirigió sin recato alguno a la milicia paramilitar de los janjaweed, con el único objetivo de liquidar por completo a dos grupos guerrilleros, considerados potencialmente peligrosos por el Gobierno de Al Bashir: el Movimiento de Justicia e Igualdad y el Movimiento de Liberación de Sudán, coordinación que la CPI considera más que probada.
Sin embargo, parece que la evidencia no les basta a algunos dirigentes políticos que, aún, siguen defendiendo al presidente sudanés amparándose más en intereses políticos, comerciales (como el caso de China, uno de los mayores proveedores de armas que tiene Sudán) y de amistad que en otra cosa, lo que supone un ataque a la legalidad internacional que los países democráticos que componen la ONU no deben consentir.
Me refiero, a las manifestaciones de apoyo que, en los últimos días, ha recibido Al Bashir por parte de los 22 países que forman parte de la Liga Árabe, que en su XXI cumbre celebrada en Qatar firmaron una declaración en la que textualmente se señalaba lo siguiente: “Respaldamos a Sudán en todo lo que pueda afectar a su integridad, unidad y estabilidad”, en una clara alusión a la orden de arresto (en inglés) dictada contra Al Bashir por la CPI en marzo. Pero si esta decisión puede calificarse de reprochable e indignante, no es menos bochornosa, otra de las acciones aprobadas en esta cumbre, totalmente contradictoria con la postura anterior. Y es que en la misma declaración citada se estableció lo siguiente “Solicitamos a la comunidad mundial perseguir a los responsables de estos crímenes (de guerra) y presentarlos ante los tribunales internacionales”, algo que parece broma y no lo es, y es que estos países se muestran en contra de los criminales de guerra pero al mismo tiempo respaldan y acogen a uno de ellos en su seno, sin duda, algo inexplicable y que no pone más que de manifiesto que son muchos los dirigentes africanos que tienen mucho que esconder y que saben que si apoyan la decisión de la CPI contra Al Bashir, posiblemente, muchos de ellos sean los siguientes en ser acusados ante la justicia internacional.
Lo que está claro, es que la CPI debe ser ayudada en este caso por todos aquellos países que defiendan la democracia y la justicia, porque con la detención de Al Bashir no sólo se hará justicia a los miles de fallecidos en Darfúr sino que la misma constituirá una seria advertencia para todos aquellos tiranos y dictadores que todavía, hoy, piensan que pueden actuar en sus respectivos países con total impunidad sin respetar en absoluto la legalidad internacional. Y esto, sin lugar a dudas, es algo que debe quedar bien claro si queremos comenzar a construir un nuevo escenario mundial en el que, al menos, la paz, el respeto a los derechos humanos, la seguridad y la justicia internacional estén asegurados.
Video: La CPI ordena el arresto del presidente de Sudán.

Una rayo de luz al otro lado de la ventaba atravesaba el cristal de mi habitación. Aquella calidez me anunciaba la llegada de un nuevo día. Un día más, uno como otro cualquiera.
Inquieta miré mi reflejo… un escalofrío, como un latigazo, recorrió todo mi cuerpo. El espejo no solo contenía mi rostro, alguien detrás, me miraba.













